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  • Melvin Chacón

UNA BUENA PROPINA

TENÍA 12 AÑOS CUANDO conseguí mi primer trabajo “formal”. Fue de empacador en los Súper Mercados Paiz. Era una de las tiendas más grandes de Guatemala, contaba más o menos con unas 30 cajas registradoras y estaba ubicada en una zona adinerada.

Creo que solo me pagaban Q0.35 centavos de quetzal la hora, así que mi verdadera ganancia estaba en las propinas.

(Foto por Eduardo Trejo)


Mi trabajo consistía en meter los productos comprados en bolsas. Cuando eran muchas, las poníamos en un "carretón" y llevábamos al auto del cliente. Las acomodábamos de manera que al llegar a casa, el comprador no encontrara una ensalada de productos.


Al hacer bien el trabajo, recibíamos (se suponía) una propina. La más común y “chafa” a nuestros ojos, era la de Q0.25 centavos. La de de un billete de Q0.50 ya era decente y la de $1.00 quetzal era la buena. Pero las más buscadas, eran las de $2, $3 o hasta $5 quetzales.


Esas grandes propinas existían y con el tiempo, ibas identificando a los buenos clientes que las daban. Sin embargo, ese tipo de compradores ya tenían su empacador favorito... el cual debía saber, que tipo de empaque le gustaba al cliente, es decir, bolsas plásticas, doble bolsa, cajas... etc.

Cuando un empacador era ascendido a algún departamento, “heredaba” su cliente a otro buen empacador... Así fue como llegué a ser el empacador de El Doctor. Un hombre alto, de pelo blanco y que casi siempre vestía un saco azul. Era elegante y se veía que tenía dinero. El me daba entre $3 y $5 quetzales.


También había otro cliente que, estaba enfermito de la mente... era un poco retrasado... pero de familia rica. El llegaba y compraba obleas... si, obleas! Un sobre con obleas lo puede cargar un bebé... pero él nos permitía llevarle las obleas una o dos cuadras y también nos daba una buena propina...


En fin, tengo muchos recuerdos de ese trabajo... conozco de primera mano que, el empacador está siempre en espera de ese cliente con el carrito 🛒de compras bien cargado... porque se supone que entre más trabajo, mejor propina.


Aterrizando la historia...


Sucede que hay supermercados en Tijuana, México, que cuentan con ese tipo de empacadores, pero en lugar de niños... son personas de la tercera edad.

Me conmueve verlos allí trabajando, tan atentos y serviciales, quizás imaginando, al igual que lo hice yo de niño: “ojalá hoy alguien me sorprendiera, con una buena propina”. Así que he empezado a hacer precisamente eso... sorprenderlos al darles un billete de $5 dólares... aunque mi compra en realidad es de solo una o dos cajitas de galletas.


Se que no es una gran cantidad... pero a veces es lo único que un empacador recauda durante su turno de trabajo. Verlos sorprendidos y agradecidos... me hace feliz. Siento como si se los diera al niño que una vez fui.

Soy conciente de que, mi izquierda no debe saber lo que hace mi derecha, pero... te lo comparto para que tu también, experimentes esa sensación de felicidad... para que seas motivado a sorprender a algún empacador... con una buena propina.


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