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  • Melvin Chacón

“...PERO NO SE LO DIGO, porque después se cree mucho”

Muchas personas no expresan adulaciones o sentimientos, para “no dañar” el ego... ¡Muy mal!

Tenemos que aprender a acariciar el alma de nuestros seres queridos, con palabras.



Las expresiones “que bien te ves”, “que bonito te quedó”, “me siento orgulloso de ti”, etc. Lejos de dañar, pueden infundir seguridad y buena autoestima, cuando son sinceras. O sencillamente afirman lo que la persona ya sabe.



Pensar que mis halagos pueden "dañar" a alguien, en realidad es muestra de inseguridad: "Sabrá que es mejor que yo en eso", "querrá un mejor trato", "se creerá mucho", etc.


Si tienes un buen comentario para alguien, nunca te lo guardes... claro, a menos que sea la mujer de tu prójimo. Ahí si tenemos que ser prudentes. Pero de ahí en más, a nuestro cónyuge (admiro tu virtud), hijos (Te felicito), padres (eres único), hermanos (eres mi héroe), amigos (eres a todo dar), jefes (eres un buen líder), compañeros de trabajo (me gustó tu idea), etc.


Ya hay suficientes criticones señalando lo obvio... los errores que todos cometemos. Y tantos otros que no se miden al hablar: "ridículo", "inepto", "así no se hace", "torpe"...


Hay un Proverbio que dice: "Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina"


Es muy grafico, pero imagina; si las palabras lastimaran el cuerpo... ¿cuantas esposas, hijos y empleados andarían desangrándose por la vida...? Bueno, eso es lo que pasa en la realidad, solo que las personas sangran del alma. Por eso viven tristes, sin motivación o seguridad...

Necesitan alguien de labios sabios que, les brinde medicina a sus heridas.


Tú y yo, podemos y debemos marcar la diferencia, dejando una huella de amor.

Acariciemos el alma de nuestro prójimo... con palabras!

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